Contenido creado por Andrés Cottini
Juegos Olímpicos de Tokio
Sol radiante

Tokio 2020: Enoshima, la sede de la vela que parece no haber llegado la pandemia

La isla de Enoshima, donde Defazio y Knüppel finalizaron su labor en el nacra 17, una perla japonesa a puro sol y deportes náuticos.

01.08.2021 09:14

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2021-08-01T09:14:00
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Por Andrés Cottini

Tokio es una ciudad sumamente ordenada, donde el respeto manda ante cualquier situación y las normas son cumplidas a rajatabla; eso sí, la cosa cambia un poquito cuando se están disputando los Juegos Olímpicos.

La cebras en las calles son sagradas, los laberintos interminables para ingresar a la diferentes sedes, insalvables y mostrar la entrada que te habilita al acceso, un requisito excluyente.

El estado de emergencia en Tokio hace que el movimiento sea menor al habitual, confesó un japonés con el que, a los tumbos, hablamos en inglés (no son muy afectos a ese idioma): "pero en Enoshima es otra cosa, otra realidad".

Y allí llegamos, para ver el cierre de la actuación celestes en vela, una subsede donde Dolores Moreira ya había terminado en el puesto 22º de la general en la clase láser radial y en el que Dominique Knüppel y Pablo Defazio cerraron su labor en el 18º, pero en nacra 17, en el lugar 18º.

Hora y media de transporte para arribar, que se transformaron en dos ya que el conductor se perdió en las autopistas, para llegar al puerto de veleros de Enoshima, ubicado en la ciudad de Fujisawa, en la prefectura de Kanagawa.

Allí confirmamos lo que nos habían anticipado: calles repletas, restoranes llenos de ofertas para degustar frutos del mar, playas donde el surf y los deportes náuticos eran una constante, carpas, a modo de sombrilla, en la arena y un sol radiante propio para disfrutar de un día estival.

Eso sí, todos con tapaboca y limpiando constantemente sus manos con desinfectante, sumado a la amabilidad y bonomía insistente que caracteriza al pueblo japonés.

Celestes unidos

Cuando ingresamos al puerto deportivo pudimos divisar a lo lejos a Dominique Knüppel y Pablo Defazio preparando el barco, junto a ellos estaban su entrenador Diego Stefani y Damián Correa, su fisioterapeuta.

No los quisimos molestar en la previa y nos trasladamos a una escollera donde se podía divisar perfectamente la regata. Cuando llegamos nos sorprendió una estructura flotante con una pantalla gigante donde se transmitía la regata en directo y los resultados actualizados en vivo.

Las charlas de Stefani con los dos nautas en el agua y la emoción de las competencias fueron completando un día que fue el cierre de los penúltimos uruguayos que completaron su actuación en Japón.

"Todo sirve para aprender", aseguró Defazio tras salir del agua: "no fue fácil, el nivel es muy alto y la pandemia nos cortó muchas posibilidades de participar en competencias internacionales de nivel".

"Son los Juegos de la pandemia", explicó más tarde Knúppel: "costó tanto llegar a estar aquí, pasamos por innumerables momentos, así que hay que saberlo valorar".

Nos despedimos con un golpe de puños, charlando algunos minutos ante la incomodidad de los japoneses por la interacción, pero disfrutando de esa charla donde el idioma español por primera vez imperó.

El sol de a poco fue desapareciendo en el cielo de Enoshima mientras nosotros tratábamos de finiquitar en el centro de prensa nuestras tareas periodísticas. Un atardecer hermoso en un sitio que parece no estar al tanto de la pandemia.

Por Andrés Cottini