Nacional
Hecho un Nene

Sanfilippo en el Parque Central

José Sanfilippo, argentino que tuvo un pasaje por Nacional en los 60, estuvo en el Parque Central, aseguró que “si no me fracturaban ganábamos la Copa” de 1964, habló de un gol que le hizo a Mazurkiewicz mandándolo a comprar una sotana y de su conflictiva salida del club. Hoy, con 76 años, el Nene sigue pateando con los juveniles de San Lorenzo.
09.12.2011 09:25


Fue uno de los jugadores más grandes que dio el fútbol argentino y que pasó por las canchas de Uruguay, aunque poco se lo pudo disfrutar por estas latitudes. Su arribo en 1964 después de rescindir contrato en Boca Juniors por problemas disciplinarios, revolucionó el ambiente y generó una caravana con miles de personas esperando su llegada.

Sin tanta expectativa esta vez, el Nene de 76 años volvió a Montevideo y antes de hacerse presente en el Museo del Fútbol, con motivo del homenaje a Aníbal Paz, estuvo en el Parque Central en la tarde del jueves regalando conceptos y contando anécdotas de su pasaje por el club.

La llegada

Su calidad técnica e instinto goleador, no se corresponden con su palmarés, que incluye tres títulos locales con San Lorenzo, dos con Bahía y un Sudamericano con la selección argentina. Goleador empedernido, surgió en San Lorenzo, donde es ídolo, y en 1963 pasó a Boca Juniors para ser subcampeón de América y máximo goleador de la Copa de Campeones, hoy Libertadores.

Tras la primera ronda de la Libertadores 1964, donde los tricolores clasificaron cómodamente a semifinales, se sumó al equipo que dirigía el brasileño Zeze Moreira, tildado de defensivo en aquel entonces por formar con un rígido 4-2-4.

Realizó una gira por Europa, donde anotó varios goles, y en su retorno apenas un partido disputó con la casaca alba por el máximo torneo continental de clubes en América. Fue victoria 4-2 sobre Colo Colo en la semifinal de ida en Santiago, el 15 de julio, y la revancha terminó con idéntico score en el Centenario el 1º de agosto, pero ya sin Sanfilippo.

Fractura y salida

Unos días antes de ese segundo cotejo hubo un amistoso contra Vasco da Gama, donde el zaguero Fontana le fracturó la tibia y peroné. “El presidente no debió autorizar ese partido, y el técnico me mandó a quebrar porque estaba celoso de mí. Nacional había salido campeón el año anterior por su gran defensa, y lo elogiaban a él por eso. Llegué yo, empecé a hacer goles todos los partidos, y se hablaba de Sanfilippo. Esa noche que me quebré, no me fue a ver al sanatorio”, comentó.

Luego hubo finales con Independiente y derrota, en la primera vez del bolso en esa instancia. “Si no me fracturaban, salíamos campeones. Independiente le tenía temor a ese equipo de Nacional”, dijo, y luego contó los motivos de su traumática salida de la institución.

“Me dejó amargura por lo mal que me trató Pons Echeverry (presidente tricolor entre 1962 y 1967) en mi desvinculación. Hubo un desfalco en el Banco Transatlántico y el dólar pasó de valer entre 12 y 17 pesos a 72. Era un momento malo del país, con el presidente no me llevaba bien, y pedí ganar en dólares, porque si no cobraba 10 veces menos de lo que percibía en San Lorenzo. Busqué una solución y no me la dieron, y el trato que recibí no fue el mismo que cuando me fue a buscar a Buenos Aires”, expresó, por lo que se marchó en 1965.

Goles de rojo azul y blanco

“Más allá de lo mal que me fui, guardo un recuerdo enorme de la gente y de mis compañeros. Sentí el cariño de todos, aunque fue poco tiempo el que estuve. En un año y dos meses hice muchos goles y ganamos muchas cosas”, dijo, aunque en realidad la imagen futbolística que dejó superó los logros. No ganó títulos ni clásicos, aunque sí dejó un recuerdo en partidos frente a Peñarol.

Ladislado Mazurkiewicz, arquero aurinegro en 1965, “había dicho que si yo le hacía un gol, se hacía cura, y a los pocos minutos le metí un gol contra un palo. La tiré como hacen los tenistas, que la meten cortita para pasar la red, y al otro día salió en un diario lugares donde se vendían sotanas. Después nos empataron y se armó un lío bárbaro”.

Es que en el festejo de su tanto fue hacia un sector de la tribuna y “no se movía nadie. Después vi que eran todos de Peñarol. Se levantó Mazurkiewicz, el técnico Maspoli, y me golpeó. Al final, en el lío, alguien me agarró del cuello de atrás y resulta que era un policía fanático de Peñarol y (Héctor) Silva, que me aguantaba, y yo tratando de aguantar las trompadas”.

Dentro de aquel equipo de Nacional, no dudó ni un segundo cuando se le preguntó por un jugador que recordara más que al resto. “Como jugador, persona y compañero, el negro Cococho. Fuimos a la gira y en Rusia no entendían cómo le pegaba y metía pases de 40 metros con las piernas que tenía”. Y sí. Emilio Álvarez tenía artrosis, pero no por eso dejó de ser un gran defensor central.

”Cuando lo vi por primera vez pensé que no podía jugar con esas piernas, pero después en la cancha era un fenómeno. Cortaba y además entregaba bien, pero aparte de eso un gran compañero”, destacó el hombre que trae a la memoria de los que peinan canas un golazo de taco contra Danubio en el arco de la Ámsterdam.

“La volada del arquero lo hizo más espectacular. No me quedó otra y le pegué de taco y cruzado. Tengo la grabación de Carlos Solé, y estuvo más de 10 minutos hablando de ese gol, mientras el partido seguía”, recordó el Nene, que hoy es más nene que hace cinco meses.

Su presente en San Lorenzo

Actualmente trabaja en las divisiones juveniles de San Lorenzo, enseñando definición a los delanteros. No sorprende de un hombre tan profesional en su etapa de jugador como polémico luego por sus declaraciones. De hecho, practicaba en un frontón en el Parque Central, aun fracturado. “Con un yeso en una pierna, sentado, le pegaba con la otra”, confesó.

Aquel profesionalismo intenta inculcarlo hoy a los más jóvenes, quienes “tienen que aprender entre los 14 y los 18 años, porque si no llegan mal educados futbolísticamente a Primera División. No es lo mismo enseñarle a un chico, que aprende rápido, que a un mayor que tiene ya sus mañas”.

A pesar de sus 76 años, la enseñanza no es sólo de la boca para afuera. “Me operaron de la rodilla hace cinco meses. Me sacaron un pedazo de hueso como si fuera una porción de pizza, lo tiraron y me sacaron la chuequera. Ahora, cuando corro o quiero pegarle a una pelota, no me duele”, dijo, explicando que “los pibes te entienden más cuando vos les mostrás que lo que les querés enseñar lo podés hacer”. “El día que no pueda hacerlo yo, me alejo del fútbol”, dijo Sanfilippo, el Nene más nene que nunca.