Fútbol uruguayo
Quiere pasar la página

Corujo: “Tengo que demostrar que pasó con mi doping positivo porque me ensuciaron”

“No pienso volver a jugar en Uruguay. Porque si voy al CDS y los hinchas de Peñarol me putean por lo del reclamo me muero”, dijo Corujo.

14.05.2020 17:15

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2020-05-14T17:15:00
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Mathías Corujo habló con Último al arco, en la Sport890, sobre distintos aspectos de su carrera: su reclamo a Peñarol, su relación con Leonardo Ramos, la lesión de rodilla y su doping positivo en 2007.

El dos de mayo sufrió una doble rotura de ligamento cruzado de su rodilla en el encuentro ante Atlético Tucumán por la Copa Libertadores: "Esa lesión me llevó a pensar en dejar el fútbol. El doctor Rienzi me dijo que me había roto toda la rodilla y que la recuperación iba a demorar nueve meses. Pero me había puesto como objetivo que mis hijos me vieran jugar al fútbol. Y fue por ellos que salía adelante".

Corujo, de 34 años, aseguró que nunca comprendió la razón por la cual el entrenador de Peñarol en ese momento, Leonardo Ramos, lo dejó afuera del equipo: "No lo entendí. Lo hablé con él y son decisiones que tienen que tomar cada entrenador. Jugué el primero partido, el segundo y luego me fui a la selección. No me fui a pasear, rendí de buena manera y luego me encontré con que no fui más titular. No solo uno, sino cinco partidos que ni siquiera entraba. Nadie lo podía entender en el plantel".

"Tres o cuatro meses después, volví a hablar con Ramos. Estaba en Peñarol y en la selección con un mundial por delante. Él me dijo que vio a otros jugadores que estaban mejor que yo", aseguró.

El "Chiche" dejó en claro que él quedó "en deuda con Peñarol. Estuve en dos años y jugué muy pocos partidos, no hice un gol, jugué pocos encuentros en el Campeón Del Siglo y fueron dos años malos (2017.2019)".

Señaló que no tuvo suerte: "En los primeros semestres competí con Guillermo Varela, luego Diego Rossi, después se dio la lesión, luego apareció Busquets, el buen nivel de Giovanni (González) que lo llevó a la selección. Y yo estaba muy bajo y pasé a ser la tercera opción del entrenador. Entonces me fui".

Corujo terminó haciendo un reclamo con la Mutual por una deuda que Peñarol tuvo con él en su segundo pasaje: "Lo que más me dolió fue el antes". Desde el club no le renovaron el contrato, pero terminó yendo a la pretemporada tras un pedido de Diego López.

"Yo veía a los dirigentes (en el hotel en Miami), ellos sabían como soy, nunca me dijeron que tenemos una deuda importante y cómo podemos refinanciamos. Amo a Peñarol y dos veces le dije que no a Nacional y en una de esas estaba pelado como un huevo", aseveró.

"Esperé 15 días solo en mi casa, sin club y esperando que me llamé a Peñarol. Fui a la AUF a reclamar porque era mi plata. Esperé hasta el 14 de agosto porque si me salía un pase al exterior no podía reclamar y al final me quedé seis meses sin club. Sé que Jorge Barrera es una buena persona, pero no se portaron muy bien conmigo", comentó.

Corujo juega en Sol de América, de Paraguay, y descartó una posible vuelta al fútbol uruguayo: "Hoy por hoy no pienso volver en jugar el fútbol uruguayo. Porque si voy al CDS y los hinchas de Peñarol me putean por lo del reclamo me muero", sentenció.

El doping

El lateral volante vivió un momento complejo en el 2007 y fue el doping positivo de metabolitos de cocaína cuando jugaba en Wanderers.

"Fue un golpe durísimo porque yo estaba pensando que me iban a vender. Además, habían llamado a Wanderers desde la selección porque me iban a reservar por si le pasaba algo a un defensor. Sin dudas, el doping me sacó muchas cosas y una de ellas fue jugar en Europa", dijo.

"Hasta el día de hoy tengo la necesidad de demostrar que pasó porque me ensuciaron", manifestó. "Lo que más me reprocho fue no haber hecho más quilombo. Mis padres gastaron una fortuna en un análisis privado que me dio negativo, fui a la ficha médica y se los mostré a ellos, pero me dijeron que valía el de ellos", añadió.

Corujo contó porque cree que se dio ese positivo: "Sufría mucho de las hemorroides y eso fue la liguilla del 2007 que jugábamos cada tres días y usaba una crema. Eso era lo único que me ponía en el cuerpo".

"Eso fue a los 21 años y a los 23 volví a jugar. Hasta los 31 temblaba cada vez que iba hacer un control antidopoing. No fue fácil y en ese momento le hice una cruz al fútbol y me lo empecé a tomar como un trabajo".

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