Básquetbol
Tu historia de resurrección

A sus 39 años, García Morales volvió a brillar después de nueve meses sin jugar

Pese a las múltiples lesiones que sufrió a raíz de un accidente en el que volvió a nacer, Leandro revalidó su vigencia y destiló categoría.

09.10.2019 09:53

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2019-10-09T09:53:00
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El 30 de enero de este año Leandro García Morales protagonizó un accidente de tránsito que pudo haberle costado la vida. Cuando volvía desde Córdoba después de terminar su vínculo con Instituto, chocó de frente con un vehículo que hizo una maniobra tan imprudente como fatal. El conductor perdió la vida.

“Me rompí”, dijo el jugador a sus allegados. Tras lo que definió como “una desgracia con suerte”, no tardó más de un día en empezar a pensar en la vuelta. Internado en el Hospital Británico ya craneaba su retorno. Aunque decía no saber en qué nivel volvería, su espíritu competitivo lo hacía estar convencido de que sería el mismo de siempre.

Lo que estaba claro para García Morales era que ni la doble fractura de la muñeca derecha ni la rotura del ligamento cruzado posterior de la rodilla izquierda lo iban a hacer retirarse. Tampoco otras lesiones en el hombro derecho y el tobillo izquierdo. Mucho menos los cortes en las piernas y los múltiples traumatismos en casi todo el cuerpo.

A mediados de abril empezó a trotar. Antes hizo los ejercicios que pudo, siempre con la máxima precaución. Recién después de comprobar que el retorno era factible y que su nivel podía ser el de siempre, escuchó ofertas. Sólo si estaba seguro de sí mismo se iba a animar a volver, y la apuesta fue ambiciosa; el 30 de junio acordó su vínculo con Aguada por dos años.

Tras hacer una pretemporada personal antes de integrarse a la pretemporada del equipo, inició los trabajos bajo las órdenes de Miguel Volcan y su cuerpo técnico en Aguada. El reencuentro con el profesor Guillermo Souto, el otro sobreviviente del plantel rojiverde campeón de 2013, sería clave. La preparación fue excelente y los números hablaron por él.

En la noche de su vuelta oficial ante Malvín, con el Antel Arena esperando por volver a verlo lucir ese número 11 que sólo vistió en Aguada, deleitó a propios y extraños. Tras fallar los primeros tres lanzamientos de tres puntos y no encontrarse con su mejor versión en el primer cuarto, que fue derrota 17-12, sacó a relucir su repertorio en el segundo a pura bomba.

En casi 32 minutos en cancha aportó 34 puntos, con 4/5 en libres, 3/5 en dobles y la friolera de 8/16 en triples. “Después de mucho tiempo inactivo lo viví con mucho nerviosismo. Tenía muchas ganas de jugar y ansiedad. Ahora estoy muerto de cansado. Hemos hecho una pretemporada muy buena; 12 semanas de pretemporada y tres con el club. Terminé sin dolores”, contó después.

“Estoy contento de poder jugar de vuelta después de un año difícil en lo personal. Los compañeros me vinieron a saludar y durante el día mucha gente me escribió como si empezara a jugar al básquetbol. Les agradezco a todos”, reconoció.

Pasaron 251 días de un accidente que, a juzgar por lo que se vio en la cancha, pareció no haber ocurrido. La Bestia está de vuelta y la Liga Uruguaya de básquetbol lo sabe. Los fanáticos de Aguada deliran. Los rivales lo sufren, aunque en el fondo también lo disfrutan.